Los materiales nanoestructurados ofrecen ventajas significativas debido a sus altas relaciones superficie–volumen, propiedades de transporte únicas, modificaciones en las propiedades físicas y efectos de confinamiento derivados de sus dimensiones a escala nanométrica. En consecuencia, estos materiales han sido ampliamente investigados para diversas aplicaciones relacionadas con la energía, incluyendo celdas de combustible, catálisis, electrólisis del agua, baterías de ion de litio y sistemas magnéticos.
Esta presentación se centra en aspectos específicos de estos temas, destacando cómo los materiales nanoestructurados mejoran el desempeño mediante: (1) el aumento del área superficial disponible para favorecer las reacciones electroquímicas o la adsorción molecular en la interfase sólido–líquido, (2) el control de la adsorción de intermediarios, y (3) la obtención de estructuras altamente cristalinas y/o porosas que facilitan el transporte electrónico o iónico y la difusión del electrolito, garantizando así procesos electroquímicos de alta eficiencia.
La investigación y el desarrollo continuo en este campo tienen un gran potencial para transformar estas aplicaciones y promover el desarrollo de tecnologías más eficientes y sostenibles.